10 August 2010

No tiremos las palabras a la basura

 
Me gusta mucho leer. Es muy interesante cómo, con la aparición de las redes sociales, podemos compartir contenido casi de forma inmediata. Cada vez más gente se anima a escribir. Los lectores están cada vez más cerca, aunque paradójicamente tal vez nos leen desde países cada vez más remotos. Sin embargo, el principal problema de este crecimiento exponencial de contenido es la falta de filtros, de moderación. ¿Cuándo se escribe con convicción y cuándo se escribe por escribir, para simplemente generar contenido y llenar páginas?
 

Creo que quienes creamos contenido tenemos la enorme responsabilidad de ser moderados; de cierta forma tal vez auto-moderarnos. A veces es difícil resistir la tentación de escribir por escribir, para “hacer ruido” o para mostrar actividad en nuestros sitios (páginas, blogs, etc.).
 

Contener el instinto de escribir y publicar inmediatamente puede también tener su recompensa. Crear en nuestros lectores la expectativa, la ansiedad, el deseo de leer nuestro próximo texto es tan importante como el texto mismo. De lo contrario, con el tiempo es posible que perdamos el entusiasmo de quienes nos siguen.
 

Entre las tantas personas que saben escribir y ya tienen sus seguidores están Santiago Bilinkis, con Riesgo y Recompensa, y Oscar Bianchi con Kaipress. Nos sorprenden con reflexiones, pensamientos distintos e ideas innovadoras. 

Quienes los leemos con frecuencia sabemos que su atractivo radica en que son lecturas con contenido. Al no encontrarnos todos los días con una publicación nueva, luego de leer y participar comienza nuestra espera del siguiente texto. Mientras tanto, podemos comentar, pensar y compartir el contenido. De esta forma, lo que escriben realmente llega al lector.
 

Por el contrario, hay otros sitios que lo único que buscan es “hacer ruido”. Encontramos contenido repetido, errores ortográficos y más. ¿Vale la pena generar “contenido” a costa de la calidad? 

Como lectores, tenemos el poder de decidir qué leer y qué no; si elegimos comer en un buen restaurante en vez de comer comida chatarra, ¿por qué elegir lectura chatarra?